¿Cuántas veces nos amargamos el día defendiendo una "regla" que solo existe en nuestra cabeza?
Muchas de nuestras frustraciones nacen de expectativas rígidas sobre cómo deberían actuar los demás. Cuestionarlas puede ser el primer paso hacia una vida con más paz y menos conflicto.
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Roberto Valdivia Rey
5/25/20262 min read


¿Cuántas veces nos amargamos el día defendiendo una "regla" que solo existe en nuestra cabeza
El otro día pensaba en cómo nos programan desde chicos. Crecemos absorbiendo verdades absolutas de nuestros padres, de la escuela o de la sociedad, y salimos al mundo convencidos de que las cosas tienen que funcionar así.
Por ejemplo, salir a manejar pensando que todos van a respetar las reglas de tránsito. O juzgar el valor de una persona basándonos en etiquetas o prejuicios del pasado.
Cuando nos aferramos a esas reglas rígidas, nos convertimos en "justicieros" de la vida. Si alguien nos cierra en el tráfico o no encaja en nuestro molde, nos enojamos, nos frustramos y chocamos contra la pared. El problema no es el mundo; el problema es que nuestra regla no coincide con la realidad.
El verdadero crecimiento empieza cuando decidimos bajarnos del pedestal del juicio y ponernos el traje de observadores.
Cuando dejas de lado lo que "debería ser" y empiezas a mirar lo que realmente "es", te llevas sorpresas maravillosas. Te das cuenta de que en la calle es más inteligente cuidar a los tuyos que ganar una discusión. Y que las personas que a veces nos enseñaron a juzgar, resultan ser las más nobles, caritativas y leales cuando les das la oportunidad de mostrarse.
Cuestionar lo que siempre hemos creído no es debilidad. Al contrario, requiere mucha madurez mirar tus propios principios y decir: "Estaba equivocado, esta regla ya no me sirve". Es la única forma de vivir con más paz y menos conflicto.
Al final del día, se trata de cambiar la rigidez por empatía.
Si hoy miraras tu entorno con total honestidad, ¿cuál es esa regla absoluta que aprendiste hace años y que hoy te está costando tu paz mental?
Muchos adolescentes y jóvenes sufren ansiedad, frustración o conflictos constantes porque intentan vivir según reglas rígidas sobre cómo deberían ser ellos mismos, los demás o la vida. La psicoterapia puede ayudarles a desarrollar una forma de pensar más flexible, realista y saludable, permitiéndoles afrontar los desafíos cotidianos con mayor bienestar emocional. Contáctame para conocer cómo puedo acompañarlo en este proceso.


